
Del Salmo 36, 3-4. 5-6. 27-28. 39-40.
Pon tu esperanza en Dios, practica el bien
y vivirás tranquilo en esta tierra.
Busca en él tu alegría
y te dará el Señor cuanto deseas.
Pon tu vida en las manos del Señor,
en él confía,
y hará que tu virtud y tus derechos
brillen igual que el sol de mediodía.
Apártate del mal, practica el bien
y tendrás una casa eternamente
porque al Señor le agrada lo que es justo
y vela por sus fieles;
en cambio, a los injustos
los borrará de la tierra para siempre.
La salvación del justo es el Señor;
en la tribulación él es su amparo.
A quien en él confía, Dios lo salva
de los hombres malvados.
¿En quién hemos puesto la esperanza?
La vida se fortalece y se mantiene en pie cuando hay algo que le da sentido: un ideal, un proyecto, una decisión trascendente; pero sobre todo, cuando es alguien quien llena, anima y hace brotar del interior lo mejor de nosotros.
Pon tu esperanza en Dios y tu vida en las manos del Señor (vv. 3 y 5)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
