
Para enamorarse Dios del alma, no pone los ojos en su grandeza, mas en la grandeza de su humildad (Dichos de luz y amor, 102)
La humildad, desde la mirada de Juan de la Cruz, es el atributo más preciado en la relación hombre- Dios; a través de ella, el creyente transparenta su ser y deja ver la riqueza más valiosa de su corazón.
La humildad, asumida con determinación, va gestando en la persona una peculiar forma de ser y de vivir; un andar en verdad -como decía Teresa de Jesús-, que le da certeza en el caminar hacia el encuentro con el Amado.
Aflora desde el interior un apetito de humildad espiritual que libera, nutre y fortalece la voluntad, para resistir y superar la soberbia espiritual(1N 12,7),que lo llevaría por el camino contrario de la plenitud y la felicidad.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
