UN CASTILLO…

15 DE OCTUBRE

STA. TERSA DE JESÚS

Un castillo todo de un diamante u muy claro cristal…

Mirándose a sí misma, desde su íntima relación de amistad con el Señor, Teresa se reencuentra con la dignidad creacional que nos cualifica como hijos de Dios. Si nos replanteamos la pregunta ¿qué es el hombre?, la respuesta teresiana, profunda y contundente, no duda en afirmar que nuestra alma es como un castillo todo de un diamante u muy claro cristal (1M 1,1).

El alma, para Teresa, que es la persona, posee una dimensión interior de horizontes inimaginables, equiparable solo con el cielo, o el paraíso, donde Dios habita. Su peculiar experiencia mística le ha permitido describir al hombre como lugar teológico donde se gesta el encuentro de lo humano con lo divino: Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso donde dice El tiene sus deleites (1M 1,1).

Del corazón de Teresa aflora una mirada bondadosa capaz de descubrir y contemplar la belleza de la condición humana; no se detiene en bajezas ni menosprecios, ella está convencida de una certeza incuestionable:

Pues ¿qué tal os parece que será el aposento a donde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad, y verdaderamente apenas deven llegar nuestros entendimientos -por agudos que fuesen- a comprehenderla, ansí como pueden considerar a Dios, pues El mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza (1M 1,1).

Sin ser explícita, Teresa resalta la vocación, la dignidad y el destino del hombre, resumido, todo, en una idea:

[…] basta decir Su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima (1M 1,1).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo

NOTA: Las citas textuales conservan la redacción original de la Santa, respetando el estilo y la manera de plasmar sus ideas. Así, los “errores ortográficos”, para nosotros, son en sí, el lenguaje de Teresa.