TRIDUO PASCUAL

ORIGEN Y SENTIDO DEL TRIDUO PASCUAL

Muchos siglos antes que el padre Abraham iniciara el camino de su fe, viejas tribus nómadas del mundo mediterráneo trashumaban sus rebaños por la media luna fértil que forman los ríos de Caldea, Canaán y Egipto.

Nuestros padres en la fe, gente sin tierra propia, acostumbrada a leyes y ritos de alianza con los monarcas locales, celebraban la fiesta de su pacto con Dios cuando la exuberancia de la primavera parecía indicarles que el Creador recordaba con signos de fertilidad el aniversario del comienzo del mundo.

Reunidos en torno a la hoguera relataban las historias y experiencias vividas que centurias después irían formando el rico tejido de la tradición escrita de la Sagrada Escritura. Junto al fuego, como clan familiar, compartían todos el banquete de un cordero que había sido ofrecido al Señor.

Era un sacrificio de comunión celebrado la noche de la luna llena del equinoccio de la primavera, cuando todo ya estaba recogido y listo para recomenzar la andadura.

La historia bíblica tomará y reelaborará el dato a partir del acontecimiento de Moisés y fijará en el capítulo 12 del libro del Éxodo las prescripciones rituales y el sentido teológico de lo que empezaría a ser llamado la Pascua, el gran memorial del paso de la esclavitud a la libertad, el signo sacramental de la gran alianza con el Señor en el Sinaí y la celebración de todas las promesas de Dios a su pueblo. La Pascua de Cristo da un nuevo contenido a la Pascua de los hebreos, llenándola de significados. Juan, a diferencia de los sinópticos, hace coincidir la muerte de Cristo en la cruz con el sacrificio del cordero pascual en el templo.

La coincidencia de horarios es una transposición de significados: Cristo es el Nuevo y definitivo Cordero Pascual que nos salva con su muerte redentora y nos da una vida nueva: la de ser hijos e hijas de Dios. La Iglesia entendió que su Pascua era idéntica a la Pascua de Cristo y al celebrarla en la liturgia quiso expresar en la fuerza de los signos el misterio que se intenta vivir: la transformación de la vida de cada cristiano en un evangelio viviente; entendiendo la vida del bautizado como un comportamiento que transparenta la saturación del ser, el decir y el hacer de su Maestro y Señor. La Misa de la Cena del Señor reúne a toda la comunidad para conmemorar la institución del sacrificio eucarístico. Lo que debe suceder constantemente en la vida de cada cristiano, la Iglesia lo recuerda sacramentalmente de una manera especial en la celebración anual de la gran fiesta de la Pascua, cuyo momento culminante es el Triduo Sacro.

El Triduo Pascual, centro del año litúrgico, está formado desde muy antiguo por los días viernes, sábado y domingo. El Señor resucitó el primer día de la semana hebraica (nuestro domingo), día en que según el relato bíblico, Dios había comenzado su obra creando la luz y separándola de las tinieblas. Ya hacia el siglo II los cristianos celebraban esta Pascua Anual precedida por dos días de ayuno (viernes y sábado) que dieron origen al santo triduo, puesto que el número tres en la mente semita evocaba la acción y la presencia poderosa de Dios.

La liturgia que se fue desarrollando junto con la Iglesia, configuró lo que hoy llamamos la Semana Santa, extendiendo el Triduo al Jueves Santo (que es propiamente un prefacio o introducción a éste) y dando un sentido especial al último Domingo de Cuaresma, el Domingo de la Pasión, al que se añadió la bendición y procesión con los ramos, tomándola de la liturgia de Jerusalén del siglo IV (luego de ser adoptada por España en el siglo VII y posteriormente por Roma). Actualmente la Iglesia recuerda el Domingo de la Pasión, o de Ramos, la entrada de Cristo en Jerusalén, pero con el deseo y la aspiración de que los fieles coloquen el acento en la escucha y la meditación del relato de la Pasión proclamada solemnemente en el Evangelio de ese día.