EL TIEMPO ORDINARIO
Como bien sabemos, el Calendario litúrgico se divide en tiempos precisos que van marcando las etapas centrales de la historia salvífica, resaltándolas por medio de la Liturgia de la Palabra y las celebraciones (fiestas, solemnidades, memorias, etc.).
El Calendario Litúrgico equivale a un Año litúrgico que, como ya indicamos en otros espacios, inicia con el primero domingo de Adviento (en desfase por un mes respecto al calendario civil) y concluye con la última semana de del Tiempo ordinario enmarcada con la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.
El año litúrgico se divide de la siguiente manera:
- Adviento.
- Navidad y Epifanía.
- Tiempo Ordinario (I).
- Cuaresma.
- Triduo Pascual.
- Pascua y cincuentena Pascual.
- Tiempo Ordinario (II).
Hoy iniciamos la primera etapa del Tiempo Ordinario, en la que confluyen dos celebraciones importantes: La Epifanía (enero 6, que, en esta ocasión, hemos celebrado el domingo 5), con la que concluye el tiempo de Navidad, y El Bautismo del Señor (domingo 12 de enero), que marca, litúrgicamente, el inicio de la vida pública del Señor, y que irá preparando el camino hacia la Cuaresma, que para este nuevo ciclo litúrgico 2025 (Ciclo C) comenzará el 5 de marzo, con la celebración del Miércoles de Ceniza.
En el correr del tiempo, renovado por la Pascua, cada ocho días la Iglesia celebra, en el domingo, el acontecimiento de la salvación. El domingo, antes de ser un precepto, es un regalo que Dios hace a su pueblo (por eso, la Iglesia lo protege con un precepto). La celebración dominical ofrece a la comunidad cristiana la posibilidad de formarse por medio de la Eucaristía. De domingo a domingo, la Palabra del Resucitado ilumina nuestra existencia queriendo realizar en nosotros aquello para lo que ha sido enviada (cfr. Is 55,10-11). De domingo a domingo, la comunión en el Cuerpo y la Sangre de Cristo quiere hacer también de nuestra vida un sacrificio agradable al Padre, en la comunión fraterna que se transforma en compartir, acoger, servir. De domingo a domingo, la fuerza del Pan partido nos sostiene en el anuncio del Evangelio en el que se manifiesta la autenticidad de nuestra celebración. (Papa Francisco, Carta Apostólica Desiderio Desideravi, n. 65).
LOS TRS CICLOS LIRÚRGICOS
Las lecturas están divididas, para los domingos, en tres ciclos: A, B y C; para los días de entre semana en dos: PARES e IMPARES. Los ciclos dominicales no tienen una manera de calcularse. El ciclo comienza el primer domingo de Adviento. Los ciclos de los días de entre semana corresponden al año par o impar que se trate. Durante el año 2025 (impar) se leerán las lecturas del ciclo IMPAR.
De esta manera podríamos decir que cada tres años, en las lecturas dominicales, hemos leído toda la Biblia; mientras que en las lecturas de entre semana lo habremos hecho en solo dos. Sin embargo, es conveniente que en casa revisemos las lecturas de cada domingo, o de cada día, y vayamos teniendo una lectura continuada, lo que nos permitirá hacer alguna anotación y tener contacto directo con la Palabra de Dios.
En cuanto al evangelio dominical el orden de los ciclos A, B, C, coincide con los tres primeros evangelios del Nuevo Testamento, los evangelios sinópticos; es decir durante el ciclo A se leerá cada domingo el evangelio según san Mateo, durante el ciclo B se leerá cada domingo el evangelio según san Marcos y san Juan, durante el ciclo C se leerá cada domingo el evangelio según san Lucas.
El Evangelio de San Juan se va intercalando durante el año en cualquiera de los ciclos, pero tiene un uso especial en Cuaresma, especialmente en el ciclo A donde leemos los textos de la mujer samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro y Pascua donde encontramos los relatos de las apariciones del Señor resucitado, las lecturas del buen pastor, y en el quinto, sexto y séptimo domino de pascua los pasajes del discurso y la oración del Señor después de la última cena
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

