SÁBADO 8

Como ovejas sin pastor… (v. 34)

Lectura del santo evangelio según san Marcos (6, 30-34)

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Palabra del Señor.

Si tuviésemos dudas sobre la humanidad de Jesús, Marcos nos lo aclara, permitiéndonos ver esos gestos de sencillez y condescendencia que sólo quien trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre (GS 22), es capaz de expresar.

Escucha y mirar a sus discípulos satisfechos por el trabajo realizado, pero extenuados y cansados; sabe que necesitan descansar y comer, y busca para ellos un lugar adecuado (cf. vv. 30-31). No obstante lo imprescindible del momentos, él no se esconde ni pone límites; mira y escucha el abandono, la desesperanza y la tristeza de tanta gente; se compadece y, sentado a su lado, comparte también con ellos las riquezas de la Buena Nueva (cf. v. 34).

Jesús nos invita a ir con él a un lugar solitario, para descansar, pero también, a ir con él al encuentro de los que sufren, los lloran, los que hoy son despreciados y abandonados.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.