S. AMBROSIO
Nació en Tréveris, Ambrosio era gobernados de Emilia y Liguria; vivía en Milán cuando fue elegido obispo de esta ciudad (374). Es uno de los tipos más bien dibujados de pastor de almas. Resiste enérgicamente a las usurpaciones del poder imperial y al mismo tiempo se dedica a catequizar al pueblo, comentando las Sagradas Escrituras y difundiendo los cánticos religiosos.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9, 35–10, 1. 6-8)
En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos».
Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Les dijo: «Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente».
Palabra del Señor.
El Adviento nos recuerda que el Reino está entre nosotros, pero hay que anunciarlo, hacerlo presente y trabajar para cosechar esperanza, alegría, respeto, perdón… (cf. 9,38; 10,8).
El Señor nos pide que vayamos a los caminos, a las calles, a las plazas, a los mercados, a los hospitales, allí, donde sea necesario, y proclamar que el Reino de los cielos está cerca (v. 7).
Nos invita a curar los corazones enfermos, a levantar el ánimo de los decaídos y expulsar el mal de entre nosotros; a compartir con generosidad lo que gratuitamente hemos recibido (cf. v. 8).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

