SÁBADO 6 DE MAYO

Hemos sido puestos como luz… (v. 4)

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13, 44-52)

El sábado siguiente casi toda la ciudad de Antioquía acudió a oír la palabra de Dios. Cuando los judíos vieron una concurrencia tan grande, se llenaron de envidia y comenzaron a contradecir a Pablo con palabras injuriosas. Entonces Pablo y Bernabé dijeron con valentía: «La palabra de Dios debía ser predicada primero a ustedes; pero como la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, nos dirigiremos a los paganos. Así nos lo ha ordenado el Señor, cuando dijo: Yo te he puesto como luz de los paganos, para que lleves la salvación hasta los últimos rincones de la tierra».

Al enterarse de esto, los paganos se regocijaban y glorificaban la palabra de Dios, y abrazaron la fe todos aquellos que estaban destinados a la vida eterna.

La palabra de Dios se iba propagando por toda la región. Pero los judíos azuzaron a las mujeres devotas de la alta sociedad y a los ciudadanos principales, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, hasta expulsarlos de su territorio.

Pablo y Bernabé se sacudieron el polvo de los pies, como señal de protesta, y se marcharon a Iconio, mientras los discípulos se quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

Una luz que ilumina a todos los hombres

La Palabra de Dios ha sido dirigida a todos los hombres, sin excepción. Dios no pone límites a su voz, a su menaje, o a su generosidad y espera de nosotros ser escuchado y acogido.

En ocasiones, con nuestras actitudes lo rechazamos, o cuando consideramos que otros, distintos en la forma de pensar y de vivir, no son dignos de ella, como creemos serlo nosotros.

Pero nosotros, como a Pablo y Bernabé, hemos sido puestos como luz de los paganos, para llevar la salvación hasta los últimos rincones de la tierra (v. 47).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.