
SS. FELIPE Y SANTIAGO EL MENOR, APÓSTOLES
Hay muchas cosas que estos dos Santos tienen en común, pues ambos eran parte de los Doce a quienes Jesús llamó apóstoles, es decir, los discípulos más cercanos a Él. Juntos vivieron con Cristo y lo siguieron, ambos anunciarán la Buena noticia del evangelio y, por esta razón, los dos morirán como mártires. Sus reliquias yacen juntas en la Basílica de los Santos XII Apóstoles en Roma, inicialmente dedicada sólo a ellos.
Lectura del santo evangelio según san Juan (14,6-14)
En aquel tiempo, Jesús dijo a Tomás: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».
Le dijo Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta». Jesús le replicó: «Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras.
Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aún mayores, porque yo me voy al Padre; y cualquier cosa que pidan en mi nombre, yo la haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Yo haré cualquier cosa que me pidan en mi nombre».
Palabra del Señor.
Hoy, la palabra proclamada reitera una máxima fundamental para todo cristiano: Yo soy el camino, la verdad y la vida (v. 6). El camino más seguro, la única verdad y la fuente de la vida, que sostienen y nutren nuestras búsquedas y nuestro caminar; nuestros procesos de fe y el sentido más profundo de lo que somos.
Pero, para que esta máxima configure nuestra vida y se convierta en compromiso, es imperante creer, de verdad, a tal grado, que seamos capaces de realizar las mismas obras del Señor, y aún mayores (cf. v. 12): amar hasta el extremo, perdonar sin límites, sanar lo enfermo, rescatar lo que parece estar muerto y liberar a todo aquel que vive cautivo.
Yo haré cualquier cosa que me pidan en mi nombre (v. 14)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
