Lectura del santo evangelio según san Marcos (4,35-41)
Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.
De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: “¡Cállate, enmudece!” Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”
Palabra del Señor.
Siempre buscamos llegar a la otra orilla, a los horizontes que nos hemos propuesto alcanzar y que, en ocasiones, por la razón que sea, parecen inalcanzables.
La travesía, no siempre es fácil y, más allá de tener días de solaz y calma, nos sorprenden tormentas y borrascas que amenazan con hundirnos sin remedio (cf. v. 37).
He aquí, pues, el gran enemigo de la fe: no es la inteligencia, no es la razón, como por desgracia algunos siguen repitiendo obsesivamente, sino que el gran enemigo de la fe es el miedo (Papa Francisco, Audiencia general, 1° de mayo de 2024).
Pero, ¿por qué tenemos tanto miedo? ¿Por qué vacila nuestra fe? (v. 40). El Señor está presente y con él, los vientos cesan y sobreviene una gran calma (v. 39).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

