
Lectura del santo evangelio según san Lucas (12, 8-12)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que a todo aquel que me reconozca abiertamente ante los hombres, lo reconocerá abiertamente el Hijo del hombre ante los ángeles de Dios; pero a aquel que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante los ángeles de Dios.
A todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero a aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Cuando los lleven a las sinagogas y ante los jueces y autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir’’.
Palabra del Señor.
Del modo que sea, cabe la posibilidad de que neguemos a Jesús, que desistamos de nuestra fe, que cambiemos de religión, o que decidamos declararnos “increyentes” para no involucrarnos en tanto compromiso ni asumir responsabilidades. Todo eso es posible, es parte de la libertad del hombre. Simple y sencillamente, dice Jesús, quien me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante los ángeles de Dios (v. 9).
Negar es no asumir ni tomar postura; refleja la vaciedad del corazón, o la mediocridad de las decisiones. Negar es resistirse a vivir según el Espíritu, es decir, a vivir aislados, encerrados en nosotros mismos, despreciando los carismas que nos empujan a trabajar por el bien común (cf. 1Cor 12,17); significa construir proyectos distintos, caminar en sentido contrario, oponerse al amor y actuar sin misericordia; imponer nuestras ideas para someter al hermano, antes que permitir que el Espíritu nos enseñe lo que convenga decir o hacer (v. 12). Eso el blasfemar.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
