
(v. 22)
Lectura del santo evangelio según san Juan (21,20-25)
En aquel tiempo, Jesús dijo a Pedro: «Sígueme». Pedro, volviendo la cara, vio que iba detrás de ellos el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre su pecho y le había preguntado: ‘Señor, ¿quién es el que te va a traicionar?’ Al verlo, Pedro le dijo a Jesús: «Señor, ¿qué va a pasar con éste?» Jesús le respondió: «Si yo quiero que éste permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú, sígueme».
Por eso comenzó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no habría de morir. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino: ‘Si yo quiero que permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?’
Éste es el discípulo que atestigua estas cosas y las ha puesto por escrito, y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús y creo que, si se relataran una por una, no cabrían en todo el mundo los libros que se escribieran.
Palabra del Señor.
¡Sígueme!
Cuando Jesús nos llama a seguirlo, el seguimiento implica, de nuestra parte, una total disponibilidad, apertura de corazón y mente, y, sobre todo, una libertad absoluta, que no se vea limitada por prejuicios, dudas, resentimientos, aversiones o prerrogativas.
Implica una renuncia radical y definitiva de todo aquello que, seguramente, nos impedirá caminar al paso del Señor y al ritmo del Espíritu.
No toca a nosotros determinan cómo deba ser el seguimiento, quiénes son aptos para ello, o quienes no… Simplemente el Señor llama y nos dice:
Que nada de eso distraiga tu atención, o cambie tus decisiones; no te confundas con los rumores ni te afanes en ganar privilegios. ¿A ti qué? Tú, sígueme (v. 22).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
