SÁBADO 22

STA. MARÍA MAGDALENA

¿Por qué estás llorando? ¿A quién buscas? (v. 15)

Lectura del santo evangelio según san Juan (20, 1-2. 11-18)

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto».

María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: «¿Por qué estás llorando, mujer?» Ella les contestó: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto».

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: «Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?» Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: «Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto». Jesús le dijo: «¡María!» Ella se volvió y exclamó: «¡Rabbuní!», que en hebreo significa ‘maestro’. Jesús le dijo: «Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios’ «.

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.

Palabra del Señor.

Todos hemos experimentado las crisis de la fe: dudas, incertidumbre, confusión, oscuridad. Pareciera que aquel en quien creemos está ausente, lejano o, tal vez, muerto

Como Magdalena, nos quedamos llorando junto a los sepulcros (cf. v. 11), donde la vida pierde sentido y todo queda en el olvido. Pero una voz nos arranca del dolor y el desasosiego: ¿Por qué estás llorando?, no hay por qué hacerlo ni razón para dejarse caer. ¿A quién buscas? (v. 15), no encontrarás nada si no te levantas y caminas; descubre mi presencia en tu corazón, ¡ve y anúncialo!

¡He visto al Señor! (v. 18)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.