SÁBADO 17

¡Sígueme!

Lectura del santo evangelio según san Lucas (5, 27-32)

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano, llamado Leví (Mateo), sentado en su despacho de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

Leví ofreció en su casa un gran banquete en honor de Jesús, y estaban a la mesa, con ellos, un gran número de publicanos y otras personas. Los fariseos y los escribas criticaban por eso a los discípulos, diciéndoles: “¿Por qué comen y beben con publicanos y pecadores?” Jesús les respondió: “No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan”.

Palabra del Señor.

Adentrémonos en la escena narrada por Lucas: allí, hay cuatro lugares en los que podríamos ubicarnos: el de Leví, el de los publicanos y pecadores, el de los escribas y fariseos, y el de Jesús, junto a él y haciendo lo que él hace. El trasfondo, es la conversión que, como vemos, aflora del corazón del hombre cuando Jesús llama.

Fijemos la mirada en Leví: se levanta, deja todo y se pone en movimiento (v. 28); además, convierte su casa en un espacio de acogida y fiesta donde todos aquellos, no importando ni su condición ni la situación en la que viven, comparten la misma mesa y la alegría de haber dado respuesta al llamado del Señor (cf. v. 29).

A nosotros, el Señor también nos llamó y hemos respondido. Preguntémonos si, como Mateo, nos hemos puesto en movimiento, siguiendo siempre a Jesús y contagiando la alegría de haber sido salvados; o, como los escriba y fariseos, nos oponemos al cambio, para no comprometernos; o como los discípulos que, a pesar de las críticas, se sientan a comer con publicanos y pecadores (v. 30); o, tal vez, nos hemos quedado en la triste situación del “pecador eterno” que no responde, no se levanta y no se convierte…

No obstante, y a pesar de ello, el Señor viene y nos invita a llamar a los pecadores, para que se conviertan (v. 32).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.