
Lectura del santo evangelio según san Marcos (2, 13-17)
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a caminar por la orilla del lago; toda la muchedumbre lo seguía y él les hablaba. Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa junto con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían. Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con los pecadores y publicanos, preguntaron a sus discípulos: “¿Por qué su maestro come y bebe en compañía de publicanos y pecadores?”
Habiendo oído esto, Jesús les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido para llamar a los justos, sino a los pecadores”.
Palabra del Señor.
Una de las líneas que el evangelio traza a los seguidores del Señor se abre ante nosotros como un gran reto y una dinámica de vida que pone en riesgo – ¡Vivir según el evangelio es un riesgo! – las estructuras morales y los puritanismos a los que nos sometemos: sentarse a la mesa con publicanos y pecadores (v. 15).
A los ojos de muchos esto es un atrevimiento, imperdonable; para el evangelio es un signo de libertad y de amor. Se trata de abrir espacios de acogida fraterna, donde no haya condicionamientos, prejuicios, ni mucho menos filtros selectivos y de exclusión.
No vayamos lejos: Hoy al Papa Francisco lo acusan, lo descalifican y lo condenan por vivir así, según el evangelio, bendiciendo a los pecadores que necesitan ser acogidos, comprendidos y amados.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
