SÁBADO 11

Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? (v. 11)

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (16, 9-15)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo. El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?

No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero».

Al oír todas estas cosas, los fariseos, que son amantes del dinero, se burlaban de Jesús. Pero él les dijo: «Ustedes pretenden pasar por justos delante de los hombres; pero Dios conoce sus corazones, y lo que es muy estimable para los hombres es detestable para Dios».

Palabra del Señor.

¿El dinero? Allí está, siempre será parte de nuestra vida y de las actividades que realicemos; tal vez no podamos prescindir de él y habrá que encontrar el mejor modo de administrarlo equilibrada y justamente, y destinarlo, no sólo para el sustento propio, sino para ponerlo a disposición de quien lo necesite y, así, ganemos amigos que, cuando muramos, nos reciban en el cielo (cf. v. 9).

En nuestra relación con Dios, el dinero es eso poco (v.10) respecto del cual tendremos que ser coherentes, mesurados, honestos y libres, y no convertirlo en un motivo de dependencia absoluta que nos lleve a la codicia, la corrupción y las injusticias, a tal grado, que el apego por el dinero acabe excluyendo a Dios y nos entrampemos en el dilema de no saber a quién servir: a Dios o al dinero (v. 13).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.