
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (15,21-28)
En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: «Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: «Atiéndela, porque
viene gritando detrás de nosotros». Él les contestó: «Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel».
Ella se acercó entonces a Jesús y postrada ante él, le dijo: «¡Señor, ayúdame!» El le respondió: «No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos». Pero ella replicó: «Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos». Entonces Jesús le respondió: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas». Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.
Palabra del Señor.
De la poca fe de Pedro (14,31), tímida e insegura, que lo lleva al fracaso en su intento de mantenerse en pie y dominar la incertidumbre, nos encontramos ahora con la fe de esta mujer, tan grande (v. 28), que es capaz de cambiar el rumbo de la historia y hacer que la salvación, reservada a las ovejas descarriadas de la casa de Israel (v. 24), se abra a las necesidades de todo hombre y a cualquiera que necesite de ella.
¿Cómo es tu fe? ¿Tan grande como la de esta mujer?: ¡Que se cumpla lo que deseas! (v. 28).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
