MIÉRCOLES 8

Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de él… (vv. 18-19)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (20, 17-28)

En aquel tiempo, mientras iba de camino a Jerusalén, Jesús llamó aparte a los Doce y les dijo: “Ya vamos camino de Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día, resucitará”.

Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?” Ella respondió: “Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino”. Pero Jesús replicó: “No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?” Ellos contestaron: “Sí podemos”. Y él les dijo: “Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado”.

Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos”.

Palabra del Señor.

¿Podremos soportar lo que el Señor soportó?

El camino del seguimiento no incluye los privilegios, las aspiraciones personales, el protagonismo, la competencia desleal entre unos y otros, o sentarnos a la derecha y la izquierda del trono… (v. 21). Son artilugios humanos, mecanismo de defensa con los cuales cubrimos nuestros miedos y resistencias, antes que asumir y soportar las duras consecuencias de entregarse por el Reino (cf. v. 23).

Todo quedaría por descontado si tuviéramos claro que el Señor nos advierte que, como él y por él, seremos entregados a la muerte (vv. 19-20) y que su vida ha sido un continuo servir (v. 28).

El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva… (v. 26).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.