
(v. 27)
Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,18-27)
En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús algunos de los saduceos, los cuales afirman que los muertos no resucitan, y le dijeron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre muere dejando a su viuda sin hijos, que la tome por mujer el hermano del que murió, para darle descendencia a su hermano. Había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también, sin dejar hijos; lo mismo el tercero. Los siete se casaron con ella y ninguno de ellos dejó descendencia. Por último, después de todos, murió también la mujer. El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los muertos, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete”.
Jesús les contestó: “Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo. Y en cuanto al hecho de que los muertos resucitan, ¿acaso no han leído en el libro de Moisés aquel pasaje de la zarza, en que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Están, pues, muy equivocados”.
Palabra del Señor.
Un Dios para la vida
Decía Víctor Frankl que, en ocasiones, nos ocupamos más por el destino del viaje que por el viaje mismo. Es decir, pensamos más en el final que en el recorrido.
Y así pasa con la vida y con la fe: dejamos de vivirlas a plenitud, cuidarlas, disfrutarlas y hacernos cargo de ellas; mientras que nos pre-ocupamos por el más allá, por lo que sucederá con nosotros después de la muerte, o por la recompensa, o el castigo, que recibiremos en el último momento al encontrarnos con Dios.
Pero la opción por el Reino, la vivencia de la fe y el seguimiento del Señor se hacen en vida. Creemos en un Dios de vivos (v. 27), un Dios para adorar, contemplar, venerar y serle fieles en vida.
El amor que nos propone Jesús se practica aquí y ahora, no se idealiza
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
