MIÉRCOLES 6

TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

Éste es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo
(v. 36)

Lectura del santo evangelio según S. Lucas (9, 28-36)

En aquel tiempo, Jesús se hizo acompañar de Pedro, Santiago y Juan, y subió a un monte para hacer oración. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se hicieron blancas y relampagueantes. De pronto aparecieron conversando con él dos personajes, rodeados de esplendor: eran Moisés y Elías. Y hablaban de la muerte que le esperaba en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros estaban rendidos de sueño; pero, despertándose, vieron la gloria de Jesús y de los que estaban con él. Cuando éstos se retiraban, Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, sería bueno que nos quedáramos aquí y que hiciéramos tres chozas: una para ti, una para Moisés y otra para Elías”, sin saber lo que decía.

No había terminado de hablar, cuando se formó una nube que los cubrió; y ellos, al verse envueltos por la nube, se llenaron de miedo. De la nube salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo”. Cuando cesó la voz, se quedó Jesús solo.

Los discípulos guardaron silencio y por entonces no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.

Palabra del Señor.

Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto (v. 29)

El Señor nos invita a orar con él en el monte, en el trabajo, en la calle, en la casa… (cf. v. 28) y escucharlo, sólo a él. Nos invita a experimentar cómo la oración profunda transforma la vida, la mirada y el rostro (cf. v. 29).

Que tu vida resplandezca ante los demás y sientan la presencia del Señor en ti.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.