MIÉRCOLES 4

Te seguiré a donde quiera que vayas (v. 57)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9, 57-62)

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo: «Te seguiré a donde quiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza».

A otro, Jesús le dijo: «Sígueme». Pero él le respondió: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Jesús le replicó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios».

Otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia». Jesús le contestó: «El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».

Palabra del Señor.

Las palabras de Jesús provocan en nosotros un dilema y un conflicto, porque pareciera que lo más importante en la vida de una persona –padres y familia– deben pasar a segundo término e, incluso, tomar ante ellos una actitud de negación e indiferencia. Además, el panorama que se presenta a los seguidores no es, precisamente, halagador.

¿De qué se trata? Primero, de no idealizar el seguimiento, ya que este implica muchos retos, renuncias y carencias, y si no se tiene claro todo esto, el impulso voluntarista, te seguiré a donde quiera que vayas (v. 57), puede acabar en decepción y fracaso.

Segundo, las dependencias a las que seguimos atados por medio de un sutil cordón umbilical -padres y familia-, no permiten que la respuesta al llamado del Señor se haga en libertad; corremos el riesgo de mirar hacia atrás (v. 62) y, así, tropezar, distraernos, perder de vista el camino hacia adelante y acabar siendo inservibles para el Reino de Dios (cf. v. 62)

Ninguna otra cosa hemos de hacer sino ser solícitos en seguir la voluntad de Dios y en agradarle en todas las cosas.

S. Francisco de Asís

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.