SAN AGUSTÍN, Obispo y doctor de la Iglesia
Son muy conocidas las etapas de la vida de Agustín: su nacimiento en Tagaste (África), en 354; su conversión en Milán, en 387; su episcopado en Hipona (395-430). Pero más importantes son los detalles de su pensamiento genial y el testimonio que dio de una vida totalmente consagrada a la búsqueda de Dios y al servicio de la Iglesia, que es, para él, tanto la comunidad de fieles reunidos en Hipona, como el cuerpo de Cristo, extendido en todo el mundo (tomado de Misal de agosto, Buena Prensa).
Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,27-32)
En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas’! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!”.
Palabra del Señor.
La dureza de Jesús y la contundencia de sus palabras nos toca y nos interpela; nos invita no a ser jueces de los demás, sino a mirar dentro de nosotros y desentrañar lo que somos, descubrir el estado en que se encuentra nuestra interioridad, reconocerla, aceptarla y hacernos cargo de ella.
Nos invita a no olvidar que lo que somos por dentro es reflejo de lo que somos por fuera y recordar además que, incluso allí, entre tanta maldad, podredumbre e hipocresía arde el fuego del Espíritu que alimenta la verdad, el amor, la justicia y la misericordia.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

