MIÉRCOLES 23

Al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña… (v. 1)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (20,1-16)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. El les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.


Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.

Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’

Palabra del Señor.

Como podemos ver, una vez más, la lógica del Reino va en sentido contrario de la lógica humana; su justicia y la recompensa que ofrece, no se miden con los mismos parámetros que utilizamos para retribuir, pagar, o saldar nuestras deudas.

Todo inicia con un llamado, ¡vayan!, que se va repitiendo a lo largo de la vida, y a lo largo del día, y, no importando el momento en que demos respuesta, el Señor nos acogerá en su viña y nos pagará por igual el jornal trabajado e, incluso, rompiendo las jerarquías en las que siempre nos entrampamos: comenzará por los últimos hasta llegar a los primeros (v. 8).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.