
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11, 29-32)
En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y comenzó a decirles: «La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.
Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».
Palabra del Señor.
Apegados a la materialidad de las cosas permitimos que los sentidos se desborden sin orientación precisa, y todo aquello que deseamos conocer, comprender, o saber, pasa por el filtro sensorial, convirtiéndolo en el único medio de comprobación y veracidad.
Así, llenos de nuestra propia obstinación, exigimos una señal (cf. v. 29) que materialice la fe y nos de la certeza de que podremos ver lo que creemos, o creer en lo que vemos.
Esta obstinación nos puede pervertir (cf. v. 29) y, al final, seremos juzgados (cf. vv. 31.32). A menos que, mirando en lo más profundo de nosotros mismos descubramos que allí hay alguien más que cualquier señal efímera y pasajera: El Hijo del hombre será la señal para la gente de este tiempo (v. 30).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
