MIÉRCOLES 21

Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven (v. 10)

Lectura del libro del Cantar de los Cantares

Can 2, 8-14

Aquí viene mi amado saltando por los montes,
retozando por las colinas.
Mi amado es como una gacela, es como un venadito,
que se detiene detrás de nuestra tapia,
espía por las ventanas y mira a través del enrejado.

Mi amado me habla así:
“Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.
Mira que el invierno ya pasó;
han terminado las lluvias y se han ido.

La flores brotan ya sobre la tierra;
ha llegado la estación de los cantos;
el arrullo de las tórtolas se escucha en el campo;
ya apuntan los frutos en la higuera
y las viñas en flor exhalan su fragancia.

Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.
Paloma mía, que anidas en las hendiduras de las rocas,
en las grietas de las peñas escarpadas,
déjame ver tu rostro y hazme oír tu voz,
porque tu voz es dulce y tu rostro encantador”.

Palabra de Dios.

¡Levántate!

El tiempo corre y el gran momento se acerca; podemos experimentar la presencia del Señor entre nosotros y sentir, como Isabel, que nuestro corazón salta de gozo (Lc 1,41).

En el seno de María, la voz del Señor nos llama y nos dice:

Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven… Las flores brotan ya sobre la tierra; ha llegado la estación de los cantos; el arrullo de las tórtolas se escucha en el campo; ya apuntan los frutos en la higuera y las viñas en flor exhalan su fragancia (vv. 10.12-13).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.