MIÉRCOLES 2

  • Mc 12,18-27

Un Dios de vivos

Nuevamente nos encontramos con la misma tensión entre lo temporal y lo eternoEl día de la resurrección…, ¿de cuál de los siete será mujer? (v. 23).

Tal vez imaginamos la vida eterna del mismo modo que vivimos la terrena, trasladamos nuestros conflictos y vicisitudes, llevándolas siempre con nosotros, hasta encontrarnos cara a cara con el Padre. Pero la eternidad, nos advierte el Señor, será una experiencia distinta, transformadora, donde prescindiremos de la condición humanaSerán como los ángeles del cielo (v. 25). Habitaremos la eternidad de Dios y lo único necesario, como dice Pablo, será el amor (cf. 1Cor 13,13).

Por ahora, y mientras eso sucede, no olvidemos que Dios habita nuestra temporalidad, y su presencia entre nosotros nos interpela: ¿Cómo amas?, ¿cómo sirves?, ¿cómo vives…? Porque Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos (v. 27).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.