
Lectura del santo evangelio según san Marcos (3, 1-6)
En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: «Levántate y ponte allí en medio».
Después les preguntó: «¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?» Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: «Extiende tu mano». La extendió, y su mano quedó sana.
Entonces se fueron los fariseos y comenzaron a hacer planes, con los del partido de Herodes, para matar a Jesús.
Palabra del Señor.
Las preguntas continúan y ahora nos vienen de parte del Señor. Preguntas que llegan hoy a lo más profundo de la realidad; interpelan la crudeza de la inhumana fatalidad en la que nos hemos sumido: ¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir? (v. 4).
El “sábado” es la ley que justifica la pasividad, la indiferencia y la imparcialidad ante las urgencias humanas que piden de nosotros presencia, compromiso y comprensión. Pero si no damos el paso definitivo del cumplimiento de la ley a la acción misericordiosa querrá decir entonces que aún hoy no queremos entender… (cf. v. 5).
No seamos la causa de que el Señor nos mire con tristeza e indignación (v. 5)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
