- Mt 20,1-16
Yo no hago ninguna injusticia

La lógica del evangelio es desconcertante: comienza por los últimos (v. 8), abre las puertas a todo hombre, acoge al que llega tarde y paga generosamente cuando se ha trabajado con decisión por el Reino. No importa el tiempo dedicado, así haya sido una hora o soportando el peso del día y del calor (cf. v. 12); lo que importa es escuchar y acudir al llamado.
Nuestra lógica es distinta: ¿A caso miramos con rencor las cosas buenas que hace Dios? (cf. v. 15).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
