MIÉRCOLES 10

¡Tanto amó Dios al mundo…!

Lectura del santo evangelio según san Juan (3, 16-21)

“Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios’’.

Palabra del Señor.

El gran fundamento de la estima, donde el hombre encuentra el sustento que lo mantiene en pie, es el amor. Así, la autoestima se fortalece no sólo por la posibilidad de amar sino, además, por el hecho de sabernos amados. Pero la falta de amor nos hunde en profundas noches oscuras e insoportables vacíos del corazón; nos enfrenta a decepciones que nos llevan a la soledad y a la desesperanza. A la condena del desamor

Tal vez hemos olvidado que nada puede condenarnos (cf. v. 17), ni al desprecio ni al olvido, porque, de hecho, ya hemos sido amados, a tal grado, que Dios entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna (v. 16)

Nosotros amamos porque él nos amó primero (1Jn 4,19)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.