MIÉRCOLES 10

Todos te handan buscando»

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1, 29-39)

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

Palabra del Señor.

Jesús nos enseña que la misericordia de Dios, de la que él es portador, sale al encuentro del hombre en cualquier circunstancia; no se queda encerrada en la sinagoga o en los templos. Él está allí, donde la gente puede encontrarlo sin dificultad: en una casa, en el campo, en el monte, junto al lago…

Está, y acoge a los que vienen a él, para curarlos, sanarlos, devolverles la alegría y la libertad. No pregunta ni pide nada, simplemente escucha, levanta, reanima y transforma la vida de quien está atado al dolor o la muerte.

También nos enseña que para orar basta un lugar solitario, donde sólo esté Dios y nosotros con él.

¿Dónde nos encontramos con el hermano y dónde con Dios?

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.