
(v. 4)
Lectura del santo evangelio según san Juan (15, 1-8)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.
Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.
Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos».
Palabra del Señor.
Permanecer
La voluntad humana se orienta a alcanzar lo que busca y hacer de ello una experiencia de vida perdurable y plena. Experiencia que se prolonga en el tiempo si somos capaces de ser fieles y permanecer.
No obstante, la falta de permanencia en lo que decidimos y hacemos, es causa de tantas crisis humanas, individuales y colectivas. Negar el sentido de pertenencia nos lleva a la soledad, y, luego, a un egoísmo que ahoga y aniquila.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí (v. 4).
¡Permanezcan en mí…!
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
