S. JOSÉ OBRERO

Cada 1 de mayo, la Iglesia Católica celebra la fiesta de San José Obrero, Padre y Custodio del Señor, a quien hoy recordamos como “el Patrono de los trabajadores”.
San José, esposo de la Virgen y padre adoptivo de Jesús, conoció muy bien el mundo del trabajo: fue carpintero (y muy probablemente también albañil), y con su trabajo diario procuró el sustento para su hogar, la casa de la Sagrada Familia.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,54-58)
En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: “¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?” Y se negaban a creer en él.
Entonces, Jesús les dijo: “Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa”. Y no hizo muchos milagros ahí por la incredulidad de ellos.
Palabra del Señor.
Hoy, como entonces, ser carpintero, albañil, obrero, plomero, velador, o ejercer cualquier oficio por debajo de los rangos profesionales e intelectuales, es considerado de poca monta y nada prometedor cuando los alcances aspiracionales son demasiado altos y exigentes.
Pero ayer, como hoy, la Escritura nos revela, y nos recuerda, que Dios siempre busca lo más despreciable y bajo a los ojos del hombre: la pobreza, la sencillez y la humildad de un hombre como José, para dar a conocer su voluntad y poner su morada en un hogar acogedor, donde se trabaja para vivir y se vive para amar.
Precisamente de allí Jesús sacó todas esas cosas que, aun hoy, no comprendemos, o nos negamos a creer (cf. vv. 56-57).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
