MARTES 8

Un hombre que estaba mudo (v. 32)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,32-38)

En aquel tiempo, llevaron ante Jesús a un hombre mudo, que estaba poseído por el demonio. Jesús expulsó al demonio y el mudo habló. La multitud, maravillada, decía: “Nunca se había visto nada semejante en Israel”. Pero los fariseos decían: “Expulsa a los demonios por autoridad del príncipe de los demonios”.

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.

Palabra del Señor.

Ante Jesús, un hombre mudo (v. 32) y multitudes extenuadas (v. 36), como tantos hombres sin voz y sin oportunidades de una vida digna; apesadumbrados por el miedo y el olvido, también ellos quieren ser liberados.

¿Qué nos tocas hacer?: Expulsar los demonios de la indiferencia y de la apatía; los demonios de la violencia y el desprecio, para que los mudos hablen (cf. v. 33) y las multitudes encuentren horizontes de esperanza.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.