MARTES 4

San Francisco de Asís (1182-1226)

Escogió la mejor parte y nadie se la quitará (v. 42)

Desde el día en que encontró al Señor en San Damián, hasta el día en que murió en la Porciúncula, a lo largo de su vida de peregrino con sus hermanos, los Frailes Menores, aquel «poverello» de Asís redujo literalmente su vida a seguir a Jesús con alegría, sencillez, fidelidad a la Iglesia y ternura para todos.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 

Lc 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”.

El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”.

Palabra del Señor.

¿Qué nos preocupa y nos inquieta?

La vida cotidiana es el camino por donde transita el Señor y cada uno de nosotros un lugar donde desea entrar y ser recibido (cf. v. 38)

Pero el corazón humano, esa infinita interioridad, a veces abatido por tantas preocupaciones, inquietudes y desasosiegos (cf. v. 41), confunde su presencia con otras presencias, y no seremos capaces de distinguir y escoger la mejor parte (v. 42), hasta que nos detengamos, nos sentemos a sus pies y escuchemos su palabra (cf. v. 38).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.