
Lectura del santo evangelio según san Juan (14,27-31)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: ‘Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean.
Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo exactamente lo que el Padre me ha mandado».
Palabra del Señor.
Una paz distinta, no como la que el mundo ofrece y pregona (cf. v. 27): no es la paz de los discursos políticos, ni de las convenciones masivas; no es la paz plasmada en slogans de partidos que luchan por el poder, pero no baja a la contienda, una paz que no permea las estructuras, ni las ideas, ni las acciones. No es la paz que nace de las ideologías, de los idealismos, o los activismos sociales que se nutren de confrontación y violencia; no es la paz de los pacifistas que pelean a muerte hasta derrocar a sus oponentes…
La paz que nos deja Jesús nace de la justicia y de las exigencias del amor: misericordia, compasión, bondad, perdón y libertad.
Esta es la paz que yo les dejo, ¡no la pierdan, no la confundan, no la desprecien, no se acobarden!
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
