MARTES 30

«Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte»
(v. 28)

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,28-31)

En aquel tiempo, Pedro le dijo a Jesús: «Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte».

Jesús le respondió: «Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres e hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna. Y muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros».

Palabra del Señor.

¡Dejarlo todo!

¿Por qué tendríamos que dejarlo todo? Mujeres y hombres, para ser felices y sentirnos plenos, necesitamos un lugar dónde vivir; una pareja, un hermano o un amigo para no sentirnos solos; es indispensable pertenecer a una comunidad, a una familia o a un pueblo para ser acogidos e identificados. Necesitamos trabajar para construir un patrimonio que nos de seguridad ante el porvenir…

¿Qué nos pide Jesús y qué exige el evangelio? En una palabra: renunciar. Y renunciar significa liberarse de todo aquello que esclaviza la voluntad del hombre. Dejar todo y no depender absolutamente de nada; no apropiarnos de las cosas, de las personas y de los bienes, convirtiéndolos en una posesión que únicamente sirve para satisfacer nuestros deseos.

Dejarlo todo por Jesús (v. 29) significa ponernos a disposición de él y, en consecuencia, de aquellos que necesitan de nuestra casa, nuestra amistad, nuestra familia y nuestros bienes.

La salvación es un don de Dios y compartir la vida con Jesús y con los pobres (Buena Noticia) tiene una recompensa en este mundo y luego en la vida eterna. La opción por los pobres no excluye a los ricos; son los ricos lo que se autoexcluyen por no optar por los pobres (Luis A. Schökel).

¿Qué hemos dejado por Jesús y para qué?

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.