MARTES 3

Todo el que tiene puesta en él esta esperanza, procura ser santo, como Jesucristo es santo (v. 3)

Lectura de la primera carta de Juan 

1 Jn 2, 29–3, 6

Queridos hijos: Si ustedes saben que Dios es santo, tienen que reconocer que todo el que practica la santidad ha nacido de Dios.

Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él.

Hermanos míos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado cómo seremos al fin. Y ya sabemos que, cuando él se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Y todo el que tiene puesta en él esta esperanza, procura ser santo, como Jesucristo es santo. Todo el que comete pecado quebranta la ley, puesto que el pecado es quebrantamiento de la ley. Y si saben ustedes que Dios se manifestó para quitar los pecados, es porque en él no hay pecado. Todo el que permanece en Dios, no peca. Todo el que vive pecando, es como si no hubiera visto ni conocido a Dios.

Palabra de Dios.

Somos santos e hijos de Dios

Somos hijos porque Dios nos ama (v. 1), y de esa relación amorosa aflora la santidad como respuesta y agradecimiento a esa predilección por nosotros.

Pero la santidad se manifiesta en el compromiso de no pecar ni quebrantar la ley (cometer injusticias, despreciar al hermano y olvidarse de Dios) y en el testimonio; es decir, que al reconocernos como hijos de Dios, el mundo reconozca a Dios en nosotros (v. 1)

Todo el que tiene puesta en él esta esperanza, procura ser santo, como Jesucristo es santo (v. 3)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.