MARTES 27

Descuidamos lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad (cf. v. 23).

STA. MÓNICA

Mónica fue la madre de san Agustín. Cuando su hijo perdió la fe, las lágrimas de Mónica subieron a Dios como una silenciosa plegaria. La conversión de Agustín la llenó de gozo. Era ya lo único que le faltaba aquí en la tierra. El Señor la llamó hacia sí cuando en el puerto de Ostia se preparaba a embarcar hacia el África, su tierra natal.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,23-26)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero descuidan lo más importante de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que tenían que practicar, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello!

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera los vasos y los platos, mientras que por dentro siguen sucios con su rapacidad y codicia! ¡Fariseo ciego!, limpia primero por dentro el vaso y así quedará también limpio por fuera’’.

Palabra del Señor.

El ritmo de la sociedad en la que vivimos, sus exigencias y el acaparamiento que nos atrapa, nos lleva, poco a poco, por ese camino donde acumular y poseer se convierten en el modo convencional de construir una personalidad que destaque, del modo que sea, frente a los demás, deslumbrante por fuera, pero vacía por dentro.

Así, lo que nos ocupa nos tiene absortos ante el devenir incontenible de la fascinación, el prestigio y los privilegios que se adquieren fácilmente en el mercadeo del “querer ser”, pero descuidamos lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad (cf. v. 23).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.