MARTES 27

Que el mayor de entre ustedes sea su servidor… (v. 11)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23, 1-12)

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor.

El evangelio pone ante nosotros dos advertencias:

  • La primera: No imitar a los que dicen una cosa y hacen otra (v. 3), a los que profesan la fe en Jesús y practican el odio al hermano; a los que proclaman el Reino de Dios y dejan fuera a los que no piensan ni son como ellos; a los que predican la salvación y la libertad ofrecida por el Padre y condenan al prójimo bajo el peso de un moralismo inmisericorde; a los que hablan de humildad, pero no son capaces de escuchar al despreciado, acoger al desposeído, o extender la mano al indigente (cf. vv. 4-6).
  • La segunda: Evitar sentarnos en la cátedra de Moisés (v. 2) y apropiarnos de los títulos, o monopolizarlos, para ostentar poder, dominio, o privilegios innecesarios (cf. vv. 8-10).

Nos advierte, pero al final, nos ofrece una enseñanza para ponerla en práctica:

Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido (vv. 11-12)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.