ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
Nueve meses antes de Navidad celebramos la encarnación del Hijo de Dios, que san Lucas describe en el anuncio del ángel a María. Toda la liturgia del día de hoy está coloreada por las palabras del salmista, que la Carta a los hebreos pone en labios de Cristo al llegar al mundo: Aquí estoy, Dios míos, vengo para cumplir tu voluntad (Sal 40,9; Heb 10,7).
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1, 26-38)
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.
María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.
Palabra del Señor.
Justo en medio del tiempo de cuaresma aflora el inicio de otra espera: la encarnación del Verbo que, junto con la Resurrección, se completa el Misterio Salvífico. Jesús, para salvarnos, se hace hombre, vive entre los hombres, cumple la voluntad del Padre, sufre, muere y resucita, venciendo definitivamente a la muerte.
Es por eso que hoy, con la misma alegría de aquel momento, celebramos el anuncio de la alegre noticia a María.
¡Alégrate! (v. 28)
Tres verbos pronunciados por el ángel hicieron de María una mujer predilecta; tres verbos que resuenan en nuestro corazón cuando la Palabra ha penetrado en él:
- ¡Alégrate! (v. 28)
- ¡No temas! (v. 30)
- ¡Concebirás! (v. 31).
Todo gracias a la acción del Espíritu en nosotros, porque no hay nada imposible para Dios (v. 37)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

