MARTES 25

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (v. 28)

ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

Nueve meses antes de Navidad celebramos la encarnación del Hijo de Dios, que san Lucas describe en el anuncio del ángel a María. Toda la liturgia del día de hoy está coloreada por las palabras del salmista, que la Carta a los hebreos pone en labios de Cristo al llegar al mundo: Aquí estoy, Dios míos, vengo para cumplir tu voluntad (Sal 40,9; Heb 10,7).

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1, 26-38)

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.

María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.

Palabra del Señor.

Justo en medio del tiempo de cuaresma aflora el inicio de otra espera: la encarnación del Verbo que, junto con la Resurrección, se completa el Misterio Salvífico. Jesús, para salvarnos, se hace hombre, vive entre los hombres, cumple la voluntad del Padre, sufre, muere y resucita, venciendo definitivamente a la muerte.

Es por eso que hoy, con la misma alegría de aquel momento, celebramos el anuncio de la alegre noticia a María.

¡Alégrate! (v. 28)

Tres verbos pronunciados por el ángel hicieron de María una mujer predilecta; tres verbos que resuenan en nuestro corazón cuando la Palabra ha penetrado en él:

  • ¡Alégrate! (v. 28)
  • ¡No temas! (v. 30)
  • ¡Concebirás! (v. 31).

Todo gracias a la acción del Espíritu en nosotros, porque no hay nada imposible para Dios (v. 37)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.