- Mt 7,6.12-14

Puertas anchas y estrechas
Ni la estrechez ni la angostura de las circunstancias nos agradan, limitan nuestras aspiraciones y nos ahogan. Buscamos y deseamos la grandiosidad, aquello que resalte nuestra persona y la distinga ante los demás. La puerta grande es más llamativa, más evidente, promete más… ¿Por qué no entrar por ella?
Pero, las apariencias engañan: ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que conducen a la vida, y qué pocos son los que no encuentran! (v. 14).
La puerta angosta es Cristo -dice S. Juan de la Cruz-, que es el principio del camino, para entrar en ella, primero se ha de angostar y desnudar la voluntad en todas las cosas sensuales y temporales, amando a Dios sobre todas ellas… Sólo Dios es el que se ha de buscar (2S 7,2.3).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
