MARTES 2

¡Déjanos! ¿Has venido a destruirnos?  (v. 34).

Lectura del santo evangelio según san Lucas (4, 31-37)

En aquel tiempo, Jesús fue a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Todos estaban asombrados de sus enseñanzas, porque hablaba con autoridad.

Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo y se puso a gritar muy fuerte: «¡Déjanos! ¿Por qué te metes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé que tú eres el Santo de Dios».

Pero Jesús le ordenó: «Cállate y sal de ese hombre». Entonces el demonio tiró al hombre por tierra, en medio de la gente, y salió de él sin hacerle daño. Todos se espantaron y se decían unos a otros: «¿Qué tendrá su palabra? Porque da órdenes con autoridad y fuerza a los espíritus inmundos y éstos se salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

Palabra del Señor.

Cuando realmente escuchamos las palabras de Jesús y nos dejamos interpelar por ellas; cuando dejamos que su fuerza penetre hasta lo más hondo del corazón, algo en nosotros se mueve, entra en conflicto.

Nuestros demonios internos se resisten a dejarnos ir y liberarnos; luchamos a muerte contra nosotros mismos y nos resistimos a ser transformados y redimidos: ¡Déjanos! ¿Por qué te metes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos?  (v. 34).

La rebeldía de nuestra voz vendrá silenciada por esa voz que doblega las tormentas y expulsa el mal con una orden incontestable: ¡Cállate y sal de ese hombre! (v. 35).

Cuando sientas que el mal y la maldad te sobrepasan, calla y escucha, porque la voz del Señor es liberadora.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.