MARTES 19

No llores (v. 13)

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (7, 11-17)

En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre.

Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: «No llores». Acercándose al ataúd, lo tocó, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús dijo: «Joven, yo te lo mando: Levántate». Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.

Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo».

La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.

Palabra del Señor.

La muerte sucede, es un hecho irrefutable; no podemos evitarla ni omitirla. Pero hay muertes provocadas y otras que son una trágica consecuencia de la indiferencia; muertes que dejan tras de sí orfandad, abandono, soledad, o una viudez que se traduce en desamparo e incertidumbre.

Esto es precisamente lo que Jesús detiene; con su mano que toca (cf. v. 14) cambia el rumbo de un destino, al parecer, fatal para la mujer: Yo te lo mando: Levántate (v. 14).

Jesús se compadece y anima: No llores (v. 13). Nosotros, como Jesús, estamos llamados a compadecernos, animar, detener lo que no tiene sentido y levantar a quienes, desahuciados, viven bajo la sombra de la muerte.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.