MARTES 17

SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, OBISPO Y MÁRTIR

¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? (v. 40).

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11, 37-41)

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer.

Pero el Señor le dijo: «Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio».

Palabra del Señor.

Mujeres y hombres somos seres bidimensionales, integrados de una dimensión exterior y otra interior; lo que somos por fuera y lo que somos por dentro. Ambas realidades son dignas, importantes y primordiales para la vida, y no podemos atender más a una que a la otra sin menoscabo de una de ellas.

No obstante, hemos exacerbado el culto por el cuerpo, por la imagen y la apariencia, dejando ver sólo una parte de lo que somos realmente. Así, el interior de la persona, oculto y abandonado, queda vacío y sin sentido; sucio, lleno de robo y maldad (v. 39).

Dios nos ha creado a su imagen y semejanza (Gn 1,27), ¿acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? (v. 40).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.