MARTES 14

¡Cállate y sal! (v. 25).

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1, 21-28)

En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. 

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.

Palabra del Señor.

En aquel tiempo, en la sinagoga de Cafarnaúm… (cf. v. 21). Hoy en los templos, en las parroquias, en las capillas de nuestros barrios se ocultan mujeres y hombres con el corazón destrozado y el espíritu maltrecho, corrompido por la envidia, el odio, la mentira, la ambición; invadidos por la inmundicia del mundo y vacíos de esperanza, de paz y felicidad. ¡Vacíos de Dios!

Tal vez han roto su relación con Dios y no quieren nada con él; pero la presencia del Señor los interpela y, como aquel hombre, aunque se resistan, poco a poco descubrirán lo que él quiere con ellos (cf. v. 24): que sean libres y felices.

El mal es como un ruido que aturde y ensordece; impide que escuchemos en silencio la palabra de Jesús. Pidámosle que ese mal calle y salga de nosotros y que seamos capaces de enfrentarlo y, en su nombre, decir con fuerza ante esas mujeres y esos hombres agobiados por el mal: ¡Cállate y sal de él! (v. 25).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.