
S. MATÍAS, APÓSTOL
Lectura del santo evangelio según san Juan (15,9-17)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.
Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros’’.
Palabra del Señor.
La amistad es fundamental en la experiencia cristiana y en el seguimiento de Jesús. No es un dato adyacente sino una experiencia complementaria y fundante:
Jesús, por su parte –dice Segundo Galilea-, en su práctica del amor y en los símbolos con que lo quiere hacer comprender, va a privilegiar al amor de amistad. Así dice a sus discípulos: “Los llamo amigos… Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por el amigo…” (vv. 12-16). Para Jesús, el “mayor amor” es el amor de amistad […]
La amistad es la única experiencia universal del amor, la que todos pueden tener; y por eso, como símbolo, es significativa para todos […][1]
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
[1] Galilea, S. (1987). La amistad de Dios. El cristianismo como amistad. Ed. Paulinas. Madrid. pp. 11-12.
