TODOS LOS SANTOS

En la solemnidad de Todos los Santos no sólo celebramos y recordamos a aquellos que han alcanzado la plenitud de vida ante el Padre, por haber vivido según el evangelio y fieles a su voluntad, sino que también confirmamos en ella, y celebramos, la vocación a la que todos hemos sido llamados y que debe animar nuestros actos, nuestros pensamientos y nuestras decisiones en lo cotidiano: la santidad.
Lectura del santo evangelio según san Mateo
Mt 5, 1-12
En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:
“Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.
Palabra del Señor.
¡Dichosos!
En las bienaventuranzas encontramos descrito con sencillez lo que el Papa Francisco ha nombrado el carnet de identidad del cristiano (GE 63); allí se nos dice qué es ser santo, quiénes son santos y cómo se puede ser santo.
Si bien, no pone ante nosotros realidades extraordinarias e inalcanzables, nos plantea acciones y compromisos, ciertamente radicales, que están en sintonía con nuestra condición y capacidades: tener un espíritu sencillo, humilde y pobre; experimentar el llanto y el sufrimiento inherentes al compromiso; desear la justicia y luchar por ella; ser misericordiosos, tener un corazón limpio, trabajar por la paz y sufrir persecución, injurias y mentiras por causa del Reino (vv. 3-11).
La santidad no es un camino sencillo, pero el premio será grande en los cielos (v. 12). Es, dice el Papa, el rostro más bello de la Iglesia (GE 9).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
