LUNES 9

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias (v. 13)

Evangelio según Mateo

Mt 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.

Palabra del Señor.

¿Para qué hemos sido bautizados?

El bautismo de Jesús marca el inicio de una vida dedicada a predicar y anunciar la Buena Nueva del Reino. Jesús es ungido para ser enviado y dar a conocer la Voluntad del Padre.

Allí mismo, en el Jordán, nace y se configura nuestro bautismo, y cada uno de nosotros es ungido como Jesús, para cumplir con una misión, que confluye en la misma misión del Hijo:

Vivir y dar a conocer la Voluntad del padre y hacer que todos los hombres la escuchen.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.