
Sal 148, 1.11-14
Alaben al Señor en la alturas, alábenlo en el cielo, que alaben al Señor todos su Ángeles, celestiales ejércitos.
Reyes y pueblos todos de la tierra, gobernantes y jueces de este mundo; hombres, mujeres, jóvenes y ancianos, alaben a Señor y denle culto.
El nombre del Señor alaben todos, pues su nombre es excelso; su gloria sobrepasa cielo y tierra, y ha hecho fuerte a su pueblo.
Que alaben al Señor todos sus fieles, los hijos de Israel, el pueblo que ha gozado siempre de familiaridad con él.
El cielo y la tierra están llenos de tu gloria.
La gloria de Dios llena la tierra y nadie puede sustraerse al gozo y la alegría de su presencia. Todos alabamos al Señor: pueblos enteros, gobernantes, jóvenes, ancianos y niños (cf. vv. 11-12)
¡Que todos alaben a Dios y agradezcan su bondad!
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
