
Lectura del santo evangelio según san Juan (15,26–16,4)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.
Les he hablado de estas cosas para que su fe no tropiece. Los expulsarán de las sinagogas y hasta llegará un tiempo, cuando el que les dé muerte creerá dar culto a Dios. Esto lo harán, porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de estas cosas para que, cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo había predicho yo».
Palabra del Señor.
No podemos pasar por alto la advertencia que Jesús hace a sus discípulos y que también, hoy, nos incluye a nosotros. Son palabras que nos interpelan y deben llevarnos a una reflexión profunda y a un discernimiento de nuestro proceder y nuestras posturas doctrinales respecto de nuestros hermanos, de nuestros pastores y de la misma Iglesia, a la que pertenecemos: confundir el culto a Dios y la fidelidad a su voluntad, con la condena al hermano, o utilizar su nombre para darle muerte (cf. v. 2).
Y no es que hayamos, o nos hayan matado, en el sentido trágico y literal de la palabra, sino matar descalificando, murmurando, haciendo menos, calumniando, o despreciando.
Si todos poseemos el Espíritu de la verdad, enviado a nosotros de parte del Padre, querrá decir que nuestro testimonio, y el de muchos hombres de fe, es válido (v. 26). Pero, si tal testimonio representa para nosotros un conflicto, significa, entonces, que no conocemos al Padre ni a Jesús (cf. v. 3) y, en consecuencia, no comprendemos su voluntad.
¡Que su fe no tropiece! (v. 1)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
